martes, 24 de enero de 2012

"Aquellos Años", un clásico de la Costanera venido a menos

La verdad es que “La Costanera” no es una zona gastronómica a la que vayamos muy seguido, pero todos los meses de enero mi papá recibe una invitación de “Aquellos Años” (antes “Los Años Locos”) para ir a comer, por lo que, una vez por año, visitamos este restaurant,  que solíamos frecuentar mucho más asiduamente durante mi infancia. Recuerdo que, si bien nunca fue una opción económica, siempre se destacó por la abundancia y la calidad de sus cortes de parrilla y sus ensaladas especiales. Bueno, lamentablemente al día de hoy ya nada es “destacable”. Cobran $12 por el  servicio de mesa, el cual consta de una panera completa, manteca y una copa de champagne, bien, si no fuera porque el champagne estaba caliente (antes incluían también una empanada o un buñuelo de acelga como cortesía, ya no).
 Para empezar pedimos una ensalada “Catalina” (muzzarella, tomate, aceitunas negras, albahaca y crutones) $38, correcta, lástima que el mozo decidió aderezarla por su cuenta y yo considero que un lugar de tal nivel lo que corresponde es traer los aderezos a la mesa y que comensal los dosifique a su gusto (de hecho, es importante ver la marca y la calidad, en especial de los aceites).


 Como platos principales elegimos una porción de vacío “del fino”, $78, perfecto el punto de cocción, nada de grasa, rico sabor, pero no era vacío (si tengo que adivinar diría que era un excelente bife de cuadril), y su tamaño no justificaba el precio; y un solomillo de cerdo con salsa de ciruelas y puré de batata, $78. El solomillo bien cocido, el puré con demasiada manteca (trataron de tapar el sabor medio rancio de la batata y fue peor) y la salsa deliciosa, pero aún estoy buscando las ciruelas. Lo compartimos entre dos mujeres, aunque en realidad el plato era para uno.


Para terminar eligieron una “Tatín de peras” con frutos rojos y helado de crema ($30), y digo “eligieron” porque yo no me sumé al postre, ya me imaginaba lo que se venía, y no me equivoqué. Nunca ví algo tan mal logrado. Obviamente no era una tatín, sino una simple tarta, con masa avejentada y húmeda, una fruta insípida por arriba y algo amargo y seco en el medio que no pudimos dilucidar. Los frutos rojos eran solo moras y la canela que decoraba era demasiado artificial.


Cuando le comentamos al mozo, de buena manera, que estábamos un tanto disconformes con el postre, hizo caso omiso,  puso cara de ofendido, y nos ofreció otra copa de champagne (como para refrescar el momento supongo). Bueno,  al menos ésta sí estaba fría, lo mejor de la noche!.

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